Un regalo de felicidad para el corazón

Durante los meses pasados, varios grupos de la región de HSI han participado en actividades de voluntariado en beneficio de las personas de la tercera edad. En función de las necesidades y posibilidades, se dio asistencia personal y se llevaron a cabo proyectos en grupo como actuaciones musicales en residencias de ancianos. A continuación se presentan varios relatos de las actividades que se llevaron a cabo.

España

En agosto de 2015, un grupo de voluntarios de España se percató de que las personas de la tercera edad son uno de los sectores de la sociedad más olvidados. Este grupo contactó con una residencia de ancianos cerca de Valencia para consultar las posibilidades de tenderles una mano.

El día previo a la visita preparamos deliciosas galletas y pasteles, y practicamos con la guitarra algunas canciones populares. Con cada canción nos poníamos cada vez más en sintonía.

Cuando llegamos a la residencia, los administradores nos dieron una calurosa bienvenida. Después nos llevaron hasta el lugar donde los residentes esperaban con curiosidad a la novedad del día.

Tras compartir una ligera comida y charla con los residentes, nuestro grupo de voluntarios subió al pequeño estrado. Al son de la música de su juventud, los residentes no tardaron mucho en ponerse a cantar, a dar palmas con entusiasmo e incluso a bailar. Los administradores estaban muy contentos de ver la alegría reflejada en los rostros de los ancianos y nos pidieron volver al día siguiente.

Al día siguiente visitamos a las mujeres con discapacidades. Una de ellas cantó canciones populares de su tierra, Valencia, antes de que nosotros empezáramos a cantar. La expresión en el rostro de estas damas cambió inmediatamente. La actuación culminó con cálidos abrazos y apretones de mano.

Después, nuestro grupo volvió al estrado donde habíamos actuado el día anterior, esta vez con más público. Se sirvieron helados y jugo para todos. La actuación comenzó y la sala se llenó de júbilo. Algunos de los ancianos se pusieron a bailar, como si la juventud hubiese regresado a sus pies.

El evento terminó con una despedida muy afectuosa y una invitación por parte de los administradores para volver en Navidad.
 

Compartiendo alegría a través de la música

Fürstenfeld y Graz, Austria

Nuestro grupo, compuesto por voluntarios de Graz y Fürstenfeld, ha estado tocando y cantando en residencias de ancianos durante los dos últimos años.

Nuestro proyecto de grupo comenzó de manera espontánea en diciembre de 2013. En aquel entonces tuvimos la simple idea de cantar villancicos a una señora de 90 años que vivía sola y apenas salía de casa. Por aquellas fechas nuestro grupo musical de seis integrantes ya llevababa cerca de año y medio juntos, a pesar de que no habíamos tocado nuestros violines, guitarras, teclados, bajos, tablas y percusiones desde hacía muchos años. Así que cantar y tocar para alguien fuera de nuestro grupo fue una nueva experiencia para nosotros.

Al año siguiente planeamos volver a cantar para nuestra vecina, pero para aquellas fechas se había mudado a una residencia de ancianos. Hablamos con el coordinador de eventos de ese centro y acordamos una fecha para actuar ante todos los 80 residentes. Repartimos la letra de las canciones entre los ancianos para que pudieran cantar con nosotros.

La reacción fue muy positiva. No solo nos pidieron volver pronto, también escuchamos comentarios como “Podría estar escuchando su música todo el día” o “ Me hicieron sentirme vivo” y “Esta ha sido la Navidad más bonita de mi vida”.

Debido al aprecio y a la aparente necesidad de los residentes de escuchar y cantar música de su juventud, iniciamos el proyecto de aprender canciones folclóricas de Austria. Algunas de las canciones estaban incluso en el dialecto de la zona. Después de varios meses de ensayos se llevó a cabo el nuevo experimento musical y tuvo los mismos maravillosos resultados.

Mientras tanto y por casualidad habíamos entrado en contacto con otras dos residencias de ancianos y preguntamos si a los residentes les interesaría este tipo de programa. Cada centro fue una nueva experiencia debido a los diferentes públicos, que fueron de 20, 80 y hasta 160 personas. No obstante, todos los oyentes quedaron impresionados por la música y pudieron olvidarse de sus preocupaciones diarias al menos por un tiempo.

Para la Navidad pasada volvieron a pedirnos que actuáramos en las residencias. Aunque nuestra vecina mayor ya había fallecido, la recordamos en nuestros corazones por habernos abierto las puertas a esta actividad tan gratificante que nos permite compartir la alegría con otras personas.